Por Roxana Gómez Puig

Participante del programa Escribamos Juntas.

Emiliano tenía una sensibilidad impresionante. Creo que tenía 2 años cuando lo hizo por primera vez. Sentado en su sillita en el coche, mandaba besos a la ventana. Cuando le pregunté
—¿A quién le mandas besos? —me contestó:
—A Memé.
Memé había muerto hacía ya 3 años y medio, él no la conoció, ella se moría de ganas de que él viniera a la vida, y se murió de ganas, no pudo ver a su quinto nieto.
Después de los besos por la ventanilla del auto, prácticamente todos los días me decía una cosa increíble como que la señora que se subió al elevador era toda ella azul, o que no le gustaba el peinado de ciertas personas o que tenían el peinado verde, amarillo, rojo o de cualquier otro color.
Cuando yo estaba embarazada de Martina, el ginecólogo me aseguraba que sería un niño, entonces le llamaríamos Patricio y Emiliano me decía:
—No, es Patricia.
O la vez que acababa de fallecer la vecina del departamento de enfrente y él se paraba en el pasillo y le decía a alguien “no te presto mis coches”. Al preguntarle con quién hablaba, me dijo:
—Con esta señora que quiere mis coches.
Un día cambiando el pañal a Martina, le pedí que trajera algo de la sala, se fue pero regresó corriendo sin nada en las manos, le pregunté qué pasó y me dijo
—Es que ahí está el señor más bueno del mundo (que es como yo le describía a Jesús),
—Qué te dijo?— le pregunté,
—Preséntame— me respondió.
La mejor de todas fue el día que lo llevé al psicólogo pues yo creía que él lo necesitaba. Apenas tenía 4 años y en el camino me preguntó si la casa a la que íbamos tenía una puerta azul y un perro negro, le contesté que no sabía pues nunca había ido. Claro que al llegar, la puerta era azul y el perro negro.
Cuando la terapeuta le preguntó si yo lo regañaba mucho él dijo
—Sí, porque está enojada —a lo que ella le preguntó:
—¿Está enojada contigo?
—No.
—¿Está enojada con tu papá?
—No.
—Está enojada con tu hermana?
—No.
—Entonces, ¿con quién está enojada?
—Consigo misma.